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Integrando todo nuestro ser, las relaciones interpersonales serán más placenteras y provechosas... algunas herramientas que aportan en este sentido.

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45 consejos para tu vida

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Maria Montessori: “La Pedagogía de la Responsabilidad y la Autoformación”

Si desean conocer más sobre cómo organizar y hacer una habitación a sus hijos/as cuando son chiquitos/as… Vale la pena!!! (en el link encontrará más fotos y explicaciones)

http://mmontessori2013.blogspot.com/2013/03/habitaciones-montessori-desde-el.html?spref=fb

 

ago 03

Diez preguntas sobre el perdón

Diez preguntas sobre el perdón
.Norberto Levy
 

Perdonar es disolver el rencor que siento hacia quien me hirió. Todos deseamos poder hacerlo, pero ¿Sólo basta con desearlo? ¿Qué caminos hay que recorrer para estar en condiciones de perdonar?

1- ¿Es útil el exhortar a perdonar?lo siento mucho PERDON

Estoy resentido con un amigo que me decepcionó y me dicen: “Bueno, perdonalo…”

Sin duda que el consejo tiene buena intención, pero…  ¿Es suficiente con que me exhorten a perdonar para poder lograrlo? ¿El perdón es un acto de la voluntad como girar la cabeza o levantar una mano?

Evidentemente no lo es, y si bien la voluntad de perdonar es necesaria, no es suficiente.

Si estoy cerca de poder hacerlo puede resultar un “empujoncito final” que ayude, pero si la situación no es esa, suele complicarme  más aún porque además del enojo, que  sigo sintiendo, me siento con culpa por no poder perdonar.

2- ¿Cuáles son las condiciones psicológicas que posibilitan el perdonar?

Una vez que hemos comprendido que el perdonar no depende exclusivamente de la voluntad, esta es la pregunta clave que surge y que es necesario responder.

Son varias las condiciones y las iremos explorando detalladamente.

Una de las primeras es que pueda expresar lo que siento, y que lo pueda hacer con claridad, firmeza y respeto“estoy frustrado y enojado por tal cosa que hiciste, y me siento dolido por eso.”

Si se lo puedo decir directamente a la persona que me lo hizo, mejor, y si eso no fuera posible, es bueno que lo haga con quien pueda escucharme y acompañarme en lo que estoy viviendo porque de ese modo logro descargar y procesar la turbulencia inicial del enojo producida por la frustración.

El enojo retenido es una de las causas importantes que impide recorrer los pasos que conducen al perdonar.


3- ¿Lleva tiempo entonces el perdonar?

Generalmente sí porque al principio estoy tan tomado por mi dolor que sólo percibo la acción que me hirió. Necesitaba que me escuchara y ayudara y no lo hizo.  No hay lugar en mí para otra percepción. Si alguien me dice: “¿pero vos sabés qué le pasaba a él?” Lo único que puedo responder es: “¡En este momento no sé ni me importa qué le pasaba, todo lo que sé es que lo que hizo me dejó muy  mal…!”

Recién cuando mi ofuscación disminuye es que puedo incorporar otra faceta: el estado en el que estaba mi amigo desde donde actuó como actuó. Entonces me conecto con el hecho de que él estaba muy afectado porque se acababa de separar  y no estaba en condiciones de escucharme.

Este es un factor fundamental en la creación de las condiciones que permiten perdonar: el poder registrar el estado en el que se encontraba quien realizó la acción que me dañó.

Me seguirá doliendo no haber recibido su ayuda  pero el reconocer el estado que lo generó me permitirá comprender mejor porqué hizo lo que hizo.

Comprender y perdonar son actitudes muy cercanas, casi sinónimos. Krishnamurti enfatizaba
que cuando uno comprende se da cuenta que no hay nada que perdonar.

Comprender y perdonar son actitudes muy cercanas, casi sinónimos. Krishnamurti enfatizaba que cuando uno comprende se da cuenta que no hay nada que perdonar.
4- ¿Es importante cómo explico lo que sucedió?

Es muy importante. En este ejemplo es la ausencia de mi amigo pero se extiende a cualquier otra situación en la que una persona me haya herido. Puedo pensar que lo que hizo es producto de un egoísmo  esencial, y digo:“lo que pasa es que actuó desde esa fuerza destructiva que tiene que arruina sus relaciones”, o “en el fondo es un sádico y disfruta con el sufrimiento ajeno”, o “es un mal nacido y eso ya lo lleva en la sangre”. Ese tipo de explicación fortalece  mi resentimiento y deseo de venganza porque siento que lo que tengo enfrente es una fuerza enemiga para mí.

El modo en el que explico un hecho particular está a su vez influenciado por la creencia que tenga acerca de las fuerzas básicas que rigen el comportamiento humano. Si creo, como suele decirse, que “el bien y el mal están en una eterna lucha en el corazón humano” estaré inclinado a atribuirle a esa fuerza del mal aquellos comportamientos que me hieren. No está de más recordar que esta creencia está muy arraigada en nosotros y que a esa fuerza destructiva se le han dado diferentes nombres: en las tradiciones religiosas se la llama el demonio, Satán, las fuerzas del mal, etc. y  su  equivalente conceptual en el universo psicológico es el impulso destructivo, el instinto de muerte, la negatividad, etc.
Cuando uno cree en la existencia de esa fuerza destructiva esencial, que es por definición irreductible, y le ha dado  una identidad y un nombre, ya sea “el demonio” o “la destructividad primaria”, el personaje que la represente queda fuera de todo perdón.

En este escenario no hay lugar para la comprensión, la transformación o el perdón, sólo la expulsión o el encapsulamiento.
5- ¿Existe otra cosmovisión?

Sí. Es aquella que afirma la existencia  de una energía amorosa básica que está en la raíz de todo lo existente y que esta energía es la que, por carencia, inmadurez o ignorancia, se va distorsionando hasta desembocar en  actos carentes de amor que resultan lesivos para quien los recibe, y en lo profundo, también para quien los ejecuta.

Desde esta perspectiva siempre hay en potencia una posibilidad de aprendizaje y transformación.

Si resumiéramos en una frase cada cosmovisión, una es: En el corazón humano hay una eterna lucha entre el bien y el mal…

Y la otra: En el corazón humano hay un continuo proceso de aprendizaje y crecimiento en curso…

Es muy ilustrativa esa dramática exclamación de Jesucristo en la cruz cuando dijo: “Perdónalos Señor, no saben lo que hacen”. Esa frase muestra que  él reconoció  el estado en el que estaban aquellos que lo estaban crucificando: en esencia, no maldad esencial si no inmadurez e ignorancia. De ahí el ”No saben lo que hacen.”


6- ¿Qué papel juega el hecho de que quien dañó lo reconozca?

Un papel fundamental. El reconocimiento del otro de la acción que me dañó abre las puertas hacia el perdón. Cuando no lo reconoce es más difícil perdonar y mi resentimiento funciona como un recordatorio de lo que ocurrió y mi perdonar queda asociado más con un consentir una impunidad que con una comprensión superadora. Es bueno tenerlo en cuenta porque si bien el reconocimiento del otro no depende de mí, sí depende de mí el reconocimiento que yo pueda brindar acerca del daño que mi acción haya producido.


7 – ¿De qué depende la magnitud de la herida?

Aunque parezca obvio es bueno hacer explícito  que cuanto mayor es la herida que siento haber recibido más difícil se hace perdonar.

Desde el punto de vista de lo externo tiene que ver con la magnitud de la acción que dañó y desde la perspectiva interna hay varios factores a tener en cuenta.

Por ejemplo, mi madre me abandonó y he quedado herido y resentido con ella.

Cuanto más se colma y se calma esa parte mía carente de amor materno a partir del trato, tanto de otras personas como de mí mismo, más se va achicando la herida y más factible se me hace la posibilidad de perdonar.


8- ¿Perdonar significa que todo queda como antes? 

El perdonar no quiere decir que todo sigue como si nada hubiera pasado.

Es como una herida que cicatriza. La cicatriz es el residuo mínimo que deja el proceso de reparación de esa herida pero la cicatriz está y su mejor destino es convertirse en algo que me deje una mayor comprensión de las frustraciones de la vida, es decir, que se convierta en un  escalón más de mi crecimiento psicológico.

Podríamos hablar de niveles de perdón, desde aquel en el que hay perdón y reconciliación
hasta aquel otro en el que si bien cesa mi resentimiento hacia quien me hirió, ya no siento
deseos de continuar mi relación con él.


9- ¿Existe el perdón hacia uno mismo?

Hasta ahora nos hemos referido al perdonar al otro pero es bueno saber que exactamente lo mismo se produce con el perdón a uno mismo. Paula, una alumna, me contaba: “Soy de Venezuela, me vine a vivir a Argentina para acompañar a mi marido. Al poco tiempo mi madre se enfermó y murió. Si bien llegué para acompañarla en sus últimos días, me siento muy mal de no haber estado con ella en todo su proceso. Pasa el tiempo y no me perdono lo que hice”.

Muchas veces, como Paula, uno produce acciones que siente desacertadas y que han producido dolor, tanto a uno mismo como a otros. El procesamiento de esas actitudes requiere el mismo trabajo que necesitamos realizar con las personas del mundo externo. En un caso es comprender porque hizo lo que hizo y en el otro,porque hice lo que hice. Cuando digo “comprender el porqué” me refiero, no a una comprensión meramente intelectual si no a esa comprensión integral que reconoce plenamente, con la mente y el corazón, que dado el estado en el que estaba quien actuó como actuó, aunque su conducta haya sido precaria y eventualmente perjudicial, esa fue su mejor respuesta posible en ese momento.

Como en el ejemplo de Paula, cuando asumo mi condición de aprendiz y los límites propios de dicha condición, cuando reconozco mis errores y aprendo de ellos, si bien la pena por lo que sucedió puede continuar como memoria dolorosa, lo que cesa es el auto reproche que tortura.


10- ¿Qué quiere decir “Errar es humano, perdonar es divino”?

Esa es una frase muy generalizada. Tal vez a partir de estas reflexiones podamos comprender mejor qué quiere decir “divino”. Desde este punto de vista significa poder trascender la acción particular que me dañó y acceder al estado en el que se encontraba quien me lastimó. Percibir también la trama amorosa que está en la base de su comportamiento y la distorsión que desembocó en la acción que me ha herido.

En última instancia, esa es la trama que subyace en el “Perdónalos Señor, no saben lo que hacen”…

Si bien en esa frase el perdonar aparece como un atributo de lo divino, los seres humanos también podemos acceder a tal actitud y es una de las más hermosas señales de nuestra madurez psicológica.

 

ago 03

Amar a un ser humano

Amar a un ser humano 
Andrea Weitzner

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos.

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Es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios límites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase undía en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada “ser humano”, de la cual tu formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados obscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humanoen su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de seruna nota en la sinfonía de este mundo.

feb 18

Emocionante… historia de un padre,un hijo y un gorrión

Muy muy bueno!!! Nos llega a casi todos/as!

 

dic 28

Vivamos desde el amor…

Ama a tu prójimo como a ti mismo (video)

 

 

 

nov 14

Cómo cuidar a los chicos en la web

Muy bueno!

Tomado de www.clarin.com.ar

ene 06

Despues del Divorcio *también para parejas al inicio o novios…

Norberto Levy
A partir de una separación suele surgir una sensación de miedo: a volver a equivocarse, a volver a fracasar… ¿Cómo se puede evitar eso?Tal vez antes de responder eso, y para poder entender mejor cómo se llega a esa ruptura, tendríamos que reflexionar un poco acerca de qué es lo que sostiene una pareja.

¿Y qué es, desde su punto de vista?

Los pilares de una pareja son tres. El primero de ellos es el magnetismo estético-sexual. La atracción física, eso tan misterioso, que está o no está. Ese es uno de los pilares. El segundo es lo que podríamos llamar pasiones existenciales compartidas. Son valores y prioridades básicos que dos personas comparten, y que pueden ser muy diversos: formar una familia, practicar un deporte en particular con pasión, alguna actividad de otra clase… El matrimonio Curie es como el paradigma de esto: dos seres apasionados en una tarea que comparten. No tiene por qué ser siempre así, tan intenso, como en ese ejemplo, pero sí es importante que haya valores y prioridades existenciales compartidas. Es muy difícil imaginar un matrimonio estable entre alguien apasionado por la ecología con otro que ama la caza deportiva.

¿Cuál es el tercer pilar?

El tercer componente que enlaza a una pareja es qué tipo de equipo forman para resolver los problemas cotidianos: Cómo resuelven los temas de la unión de ambas familias, los horarios, los estilos, las tareas domésticas…
Todos los ítems de una interacción caben en esos tres pilares. Y muchas parejas se unen a partir de alguno de esos pilares, y otros ya no están de entrada. Y son esos temas los que después generan la ruptura.

-De algún modo, la separación se empieza a construir desde el primer día de la pareja…

Exactamente. Un ojo sensible puede ver y decir a los dos años de una relación “Lo que están viviendo ahora lo vi desde el principio”. De modo que si uno mira la pareja de acuerdo a estos parámetros puede preguntarle a las personas: “¿Cómo se sienten en el magnetismo sexual?”: “Estupendo”, “¿Y en las pasiones existenciales compartidas?”: “Bueno, la verdad es que ahí no tenemos nada en común, a ella le encanta el teatro y la danza y a mí el aire libre, y no podemos armar un fin de semana juntos, porque somos muy distintos y casi no tengo de qué hablar con ella”. Entonces, una vez que cede ese magnetismo inicial se empiezan a poner de manifiesto los agujeros que había en la relación.

¿Qué se hace entonces?

Lo primero de todo es que una persona que enfrenta una situación de separación tenga en claro cuál es el déficit, cuál es el intercambio que está fallando. Hay que ubicarlo, para diferenciar lo que es un inconveniente producto de inhibiciones o de malentendidos –que se pueden resolver- de lo que es algo estructural. Cuando pasa esto último esas dos personas no tienen base para vincularse como pareja: se unieron en un momento de sus vidas, porque se necesitaban de acuerdo a alguna circunstancia particular, pero eso ya terminó.

¿Debe descubrirlo uno mismo?

Ese es otro punto importante: que al enfrentar la posibilidad de la ruptura uno llegue a descubrirlo junto con su pareja. Si esto que nos pasa tiene arreglo y con una buena ayuda podemos resolverlo, o ya no hay más entre nosotros.

Cada separación es distinta…

Sin duda. Dos personas se pueden separar y decir: “Está bien, es triste –porque siempre una separación es triste- pero lo que había entre nosotros ya no está más”. Porque los seres humanos somos seres en crecimiento. Y esto puede hacer que a los 20 años parezca que tenemos un mundo en común con otra persona, y a los 30 hemos ido desarrollando áreas específicas que nos fueron alejando. Entonces, hicimos lo que teníamos que hacer juntos y ahora nos separamos, y podemos hacerlo con gratitud por lo que hemos vivido y reconociendo que hasta acá llegamos.

Pero en general una separación va ligada a una sensación de fracaso… ¿Esto tiene que ver, desde algún punto de vista, con que todavía tenemos la idea de la pareja “para siempre”, “el amor de mi vida”, “el único amor”…?

Ese es un deseo que anidamos todos. Algunos, muy pocos, tienen la fortuna de vivirlo. Pero es bueno saber que esa no es la única forma de desplegar mi universo emocional. El recorrer otros caminos de realización requiere estar preparado para separarse, y eso significa no tener un alto monto de dependencia emocional.

Pero, ¿de dónde sale ese deseo de “amor para siempre”?

Uno siempre busca completarse en otro y con otro. El deseo máximo sería poder encontrar esa completud y sostenerla toda la vida. Es bueno que nos preparemos para poder vivir el desarrollo emocional y el disfrute de la vida cotidiana con distintas personas a lo largo del tiempo, en la medida que la realidad demuestre que con determinada persona lo que podíamos hacer juntos ya lo hicimos. El ir incorporando esta idea, ayuda.

Pero, ¿el fracaso se relaciona con que “no duró”…

Sí, si yo tengo la idea de que esa unión es para toda la vida, cualquiera sea la razón por la que me separe voy a sentir que es un fracaso. Puede haber elementos de fracaso reales si hemos tenido problemas que no pudimos resolver.

¿Que quisimos resolver dentro de la pareja y no pudimos?

Claro. Porque vivir juntos implica estar continuamente aprendiendo a resolver desacuerdos. Aprender a reconocer lo que no tenemos en común y edificar sobre lo que sí. No es frecuente que yo pueda vivir con mi pareja todas las áreas de mi vida. Por ejemplo a ella le gusta mucho viajar y a mí permanecer en un lugar, por lo tanto en esa área no vamos a complementarnos exactamente, pero si la reconocemos y la respetamos, y yo no la critico ni la acuso a ella por ser así , y ella no me acusa a mí por ser como soy, y buscamos la forma de resolver ese desencuentro, vamos construyendo una pareja que se apoya en lo que podemos realizar juntos, y en el respeto que sentimos recíprocamente por aquellas áreas donde no nos complementamos. Luego haremos un cierto balance y podremos decir: “Bueno: vale permanecer….o no”. Si no logramos esta optimización del vínculo… puede haber cierta sensación de fracaso.

Cuando se produjo una ruptura, hay una sensación de que se descalabra la vida en general. ¿Por qué se siente así?

Bueno, ahí también influye mucho si hay hijos o no. Cuando hay hijos chicos, las perturbaciones son mucho mayores que si la pareja no los ha tenido. Cuando están criando, además de ser pareja son un equipo de padres. Y los chicos padecen mucho, se desarticula bastante la vida familiar con una ruptura. Porque también se desarticulan hábitos, una trama social que pudieron haber construido juntos, la costumbre o el bienestar de compartir la cena o la noche o dormir juntos, las vacaciones, los fines de semana… Y por más que muchas veces sea para mejor, hay una transición que es dolorosa.

Siempre…

Siempre. Es como cuando uno se muda, y cambia de barrio. A lo mejor la casa nueva que tengo es más linda que la anterior, pero hasta que yo me adapte al nuevo barrio… Ya no tengo la farmacia donde la tenía, ni el almacén donde antes estaba, y el sol entra por otro lado, en fin… Hay una serie de cosas que cambian, propias de cualquier transición, que producen una desorganización. Y en el caso de la separación, además dolorosa…

¿Esto tiene que ver con que uno en general se piensa en relación a una pareja? Es decir: hay gente a la que le va muy bien en todas las áreas de su vida, pero si no resolvieron la cuestión de pareja sienten que está todo mal… Como si el agujero fuera demasiado grande…

En general se piensa eso. Son hábitos culturales. Estamos habituados a eso –aunque hay cambios en curso: no es lo mismo lo que pasa hoy que hace 50 años; mis padres estaban casados y no les cabía separarse; podían pelear, discutir, pero no estaba en ellos, como alternativa posible, la separación-. Ahora se está explorando otro formato, otra manera de vivir la vida. Es una transición. Digamos que es mejor estar solo que mal unido. Y es mejor estar bien unido que solo. Lo que hay que establecer es la calidad de la unión. Si no, es estar unido a cualquier precio para entrar en el formato social que se supone debe regir. A mucha gente le cuesta separarse de una relación por todo lo que significa en cuanto a dejar de cumplir el rol social que se ve satisfactorio mientras está con su esposa y va a las reuniones con ella… Esos son hábitos culturales que cada país tiene a su manera, y que pesan mucho…

-¿Por qué una de las cosas que se vulnera en una ruptura es la autoestima?

Depende si yo me quise separar o no. Si la decisión es compartida, es más soportable. Cuando la decisión la toma uno, aunque sea portavoz de algo que pasa entre los dos, el otro tiene que aceptar algo que no desea. Y no es fácil para esa persona. Aunque sería lo deseable, sería parte de una actitud psicológica madura el decir “Que esta mujer no me quiera no significa que yo no sea querible”…

Pero no es lo más frecuente…

No. En general creemos que si ella no me quiere es porque no soy querible. Lo cual es un error terrible, pero muy frecuente. Sobre todo, uno llega a sentir eso si además uno mismo no se siente querible. Si estoy insatisfecho conmigo, si detesto rasgos de mi carácter, cualquier cosa que mi pareja haga como alejamiento va a encontrar una voz en mí que resuena con lo que ella hace para confirmarme que no sirvo para nada. Pero la fuente está en la evaluación que yo hago de mí mismo. Este es un pilar fundamental de la autoestima. Hay que desarrollar la capacidad de reconocer lo que no me gusta de mí y aprender a relacionarme con eso de modo que pueda colaborar para asistir a esa parte fallida y mejorarla. Eso se puede.

Usted ha explorado mucho esos mecanismos de asistencia a uno mismo…

Así es. Los últimos 25 años de mi trabajo fueron dedicados a explorar cómo una persona puede aprender a auto asistirse. Es decir: reconocer lo que rechaza, y en lugar de detestarse y descalificarse por tener eso, aprender a relacionarse con ello de un modo tal que lo pueda transformar. Uno de mis libros, “El Asistente Interior”, está destinado a mostrar eso: cuál es el aprendizaje que uno necesita hacer para lograr mejorarse. Esto es algo que se tendría que enseñar ya desde las escuelas. A los chicos les enseñan matemáticas, lenguaje e historia, pero también deberían agregar: “cómo relacionarme con aquello que no me gusta de mí”. Pero si no se enseña no es por mala voluntad, sino porque en general no se sabe. Como cultura, no lo hemos aprendido aún. Los terapeutas que exploramos esta dimensión de alguna manera funcionamos como una avanzada, tratando de propagar esto para que llegue a ser un conocimiento general.

En general, no se enseña qué hacer con las emociones…

No, tampoco sabemos qué hacer con ellas, en especial con el enojo. No sabemos cómo hacer para enojarnos de tal modo que ese enojo resuelva la situación. Cuando nos enojamos, generalmente dejamos las cosas peor de lo que estaban antes.

Esto está íntimamente relacionado con las rupturas sentimentales, ¿verdad?

Cuando discuto con mi mujer, esa discusión suele generar más heridas que las que había al comienzo, y el problema inicial no se resolvió. Pero eso es porque no hemos aprendido a discutir. Si tenemos un desacuerdo, hay que abrirlo, desplegarlo, y dejar que nuestras respuestas ayuden a resolver eso, no a insultarnos y herirnos uno a otro. Esto es la inmadurez que tenemos como seres humanos.

Volviendo a la autoestima luego de un divorcio…

Digamos que la autoestima se daña cuanto más herida ya está… Si yo estoy en paz conmigo, sintiendo que puedo ayudar a transformar aquello que me desagrada, si estoy satisfecho con lo que estoy haciendo, el impacto de que mi mujer me deje va a ser menor. Lo voy a superar en menor tiempo y voy a poder reconocer que el hecho de que nos hayamos separado no significa que soy inservible. Significa, en última instancia, que no hay afinidad entre ella y yo en ese momento.

Pero uno, luego del divorcio, tiene la idea de que algo ha hecho mal, de que en algo se ha equivocado. ¿Cómo saber en qué? ¿Qué fue lo que yo hice mal?

Esa es la pregunta fundamental que hay que hacerse. Lo más deseable es que una pareja cuando enfrenta esa situación conserve una atmósfera de razonable compañerismo. Que yo le pueda preguntar a mi mujer “¿Qué es lo que no te gusta de mí?”. Y que me lo diga. Supongamos que me dice “lo que no me gusta es que seas desprolijo, descuidado, que seas impuntual…”. Esto para dar un ejemplo con cosas triviales, puede ser mucho más denso por supuesto. Y que yo descubra que también quiero cambiar eso. Si a ella no le gusta de mí lo que a mí tampoco me gusta, tenemos una tarea en común. Ver cómo ambos colaboramos para que eso se transforme. Ahora: se torna grave cuando lo que a mi mujer no le gusta de mí, a mí sí me gusta. Es el problema más serio que enfrenta la pareja.

Claro, ahí se torna muy difícil de acomodar.

Porque yo no tengo la voluntad de cambiarlo. El problema es la elección que hicimos estas dos personas que no disfrutamos de lo mismo. Nos ilusionamos con alguna cosa que nos gustó al principio y no vimos más profundo…

Al llegar el divorcio, ¿qué pasó con lo que yo di en la relación? ¿Lo perdí? ¿”Desperdicié” amor? Porque todo lo que podía ser un proyecto enorme, cuando terminó de pronto quedó en nada.

Uno llega a esa conclusión cuando inscribe una relación de pareja dentro de un modelo materialista-bancario, por decirlo así. Cuando uno le reconoce a la relación de pareja un ámbito específico, que es el emocional, el existencial, ve que lo que hubo fue una experiencia que hicimos en común con esa otra persona. Yo di y también recibí, y disfruté mientras sucedía. Y salí transformado de ese intercambio. Esto no puede equipararse a objetos materiales: “Puse en este banco tanto dinero, el banco cerró y ahora no tengo más el dinero”. En lo material, esa pregunta tiene sentido. En el universo interaccional, humano, existencial, suceden las cosas de otra forma. Y es bueno verlas desde ese otro lugar. Porque ambos crecimos, cada uno a su manera.

Quizá el tema del tiempo pueda verse como algo entre lo material y lo existencial. Uno invierte ilusión, amor, y no puede pensarse en términos de pérdida; pero el tiempo… “Estuvimos tantos años juntos, cuando te conocí podía tener hijos y ahora quizá ya no”. Ese tiempo. ¿Cómo se resuelve?

Hay una parte que es así: se perdió. Y hay otra que no es así. El problema es si se lo ve todo así. Lo que mencionas es una habitación de la casa: “quería tener hijos, esperé tenerlos con vos, y ahora ya no pasará”. Eso se perdió. Pero la casa tiene muchas otras habitaciones.

Igual, no es fácil de procesar ese tema del tiempo…

Se puede cuando uno incluye en la experiencia de pareja la noción de aprendizaje. Aunque nos hayamos separado, yo aprendí. No siempre el crecimiento se produce en experiencias gratas. También el dolor enseña a crecer. Lo que pasa es que eso no se ve en el momento. Cuando la herida está sangrando, uno tiene que suturarla y vendarla. Pasa un tiempo hasta que uno puede ver cómo ese vínculo, por doloroso que haya sido, sirvió para aprender, para ser mejor. Así que es muy bueno a nivel humano introducir la noción de crecimiento y aprendizaje para rescatar el sentido que tiene lo que desde otro punto de vista podría verse como pérdida.

Si uno cometió errores, al separarse puede tener la voluntad de no volver a cometerlos con una nueva pareja. ¿Cómo se puede hacer?

Vamos a poner un ejemplo concreto. Supongamos que mi pareja me dice que yo no concedo al encuentro físico el tiempo, el interés y la disponibilidad suficientes. Sigo pensando en los negocios y mis actividades y nunca hay tiempo para los dos. Como dije antes, la primera pregunta que debo hacerme es: ¿quiero cambiarlo? Quizá sí, y descubro que también me gustaría compartir más, disfrutar más tiempo juntos. Entonces eso ya requerirá un trabajo, para ver qué parte de mí está en juego en eso; quizá haya un miedo al acercamiento, inseguridad, en fin… Ese es justamente el aprendizaje. Hay algo que siempre sugiero a las parejas que hagan: que se pregunten mutuamente “¿qué es lo que te desagrada de mí?”. Y hacerlo en una atmósfera de paz, no en medio de una pelea feroz como suele ocurrir.

Ahora bien: quizá al separarme reconozco eso como un error, no le dedicaba suficiente tiempo… ¿Cómo sé que en la nueva pareja eso será también un error? O por dar otro ejemplo: ella siempre llamaba a toda hora del día, y se dio cuenta de que con esa persecución lo ahogaba; en su nueva relación ya no lo hace, pero resulta que su pareja considera que ella muestra poco interés… ¿Cómo saber cuándo es un error y cuándo no?

Para ver eso hay que distinguir las acciones de los estados interiores que llevan a realizar esas acciones. Si yo llamo todos los días 15 veces a mi mujer porque soy celoso, tengo miedo a que me engañe, soy inseguro, no voy a poder cambiar sólo porque me lo proponga. Hay una demanda interior, un estado interno que reclama ese control. Entonces es muy bueno que me pregunte qué estado interior mío está produciendo esa conducta que al otro le molesta. Cuando ese estado en mí cesa, cuando recupero mi seguridad y mi confianza en mí mismo, puedo llamar o no. Tengo más flexibilidad. Si a la otra persona le gusta que la llame lo haré, y si no no.

Una idea que puede generar miedo ante la posibilidad de formar una nueva pareja es el sentir que antes uno “quiso demasiado”. Ese “querer demasiado” es algo que muchos sienten pero quizá el concepto no sea claro. ¿Qué significa para usted?

Una confusión. Cuando uno dice “yo amo demasiado” es la manera de nombrar una forma de dependencia. Si yo me auto descalifico mucho, y tengo una autoestima baja, y tomo a mi pareja como alguien que me reasegure que yo valgo y soy importante, y dependo de su opinión porque yo no la tengo, entonces le voy a dar muchas cosas a esa persona para conquistar esa opinión positiva. Entonces lo que llamo “querer demasiado” es que yo me aferré demasiado, que aposté demasiado a producir un determinado sentimiento en ella para asegurarme que merecía ser querido. Cuando se trata de amor nacido de la madurez y la autonomía nunca es demasiado, y nunca molesta.

La dependencia es un problema serio en la pareja, ¿verdad?

Sí. Es grave. Está hecha de que yo te necesite como pareja para que me demuestres que yo valgo, que puedo, que sirvo, porque yo no pienso eso de mí. Entonces necesito que 30 veces por día me recuerdes lo que yo no oigo de mí mismo.

Que me trates de convencer de que sirvo para algo…

Convencer, exacto. Pero eso no me lo puede dar otro. Uno se esfuerza muchísimo, y eso carga la atmósfera de presiones, obligación, reclamos… En cambio, cuando yo tengo cierta tranquilidad y me siento bien conmigo, lo que busco en una pareja es expandir el bienestar que tengo. La otra opción es buscar en la pareja el bienestar que no tengo; un poco de eso puede haber, está bien. Pero si hay mucho… se convierte en un problema. Me va mal en el trabajo, no me gusta lo que hago, estoy mal en todo, y tengo el sueño de que una mujer me compense por todas esas carencias… La expectativa es tan grande que difícilmente se cumpla, y además impide disfrutar lo que sí ocurre.

-¿Qué es equivocarse en el amor?

Eso que decíamos antes: haber puesto en juego en una relación rasgos de mí que me gustaría que no fueran así. Por ejemplo; reconozco que soy muy dependiente, entonces reclamo mucha presencia, mucha compañía, pero a mí tampoco me gusta ser dependiente, quiero ser un hombre más adulto, más íntegro, más autónomo. Si no realizo los aprendizajes necesarios para transformar eso, me estoy equivocando.

El miedo a empezar una nueva relación se basa bastante en que uno busca afuera en vez de en uno mismo…

Claro. Si yo no hice ese trabajo que mencionaba antes, y ante la primera insatisfacción ya provoco la ruptura y me imagino que el otro es el causante, lo que buscaba era un salvador. Y en esa búsqueda voy a repetir errores. Ante una separación, puedo aprovecharla como aprendizaje o puedo echarle la culpa al otro.

¿Por todas estas cosas es que hoy -al menos lo dice la estadística- cuesta mucho mantener una pareja estable?

Creo que hay muchas causas. Una es que necesitamos aprender a vivir los desacuerdos, plantearlos, desplegarlos y resolverlos manteniendo la atmósfera de compañerismo básico. Uno de los problemas más serios es cuando la relación comienza a impregnarse de una atmósfera de antagonismo. De confrontadores, de “a ver quién gana”. En las separaciones se ve mucho. Parejas que se han llevado relativamente bien, y cuando están en el proceso de ruptura se convierten en enemigos mortales y se tratan de lo peor. Entran en guerra. A veces pasa también en el curso de la relación. Cuando he sido herido por algo que me dijo mi mujer, puedo querer desquitarme hiriéndola a ella; y ella a su vez se sentirá herida y volverá a herirme. Y cada vez será peor, y el retorno se hará difícil. No hemos aprendido a experimentar un desacuerdo sin que termine en una pelea. Así de simple, y así de trágico. El desacuerdo y el enojo son dos temas que siempre me han preocupado; de hecho escribí un libro sobre eso, “La Sabiduría de las Emociones”, en donde destino un capítulo para describir cómo aprender a usar el enojo para resolver.

¿Cómo evitar el miedo luego del divorcio? ¿En qué consiste ese miedo, que es un gran obstáculo?

El miedo puede ser más grande o más chico según el grado de dependencia emocional que yo tenga. Y también hay que reconocer que hay un miedo que, si aprendí a lidiar con él, es como una señal que me informa de algo a lo que debo estar atento. Tengo miedo a cruzar la calle, y entonces lo uso para ver si el semáforo está en rojo, si vienen autos. Uso ese miedo para tomar precauciones y realizar la acción con eficacia. Si no sé qué hacer con el miedo, éste me bloquea. De modo que miedo siempre va a haber, pero todo dependerá de cómo yo use esa señal del miedo para tomarla como algo que me enriquece y me informa, o algo que me inmoviliza.

Pero concretamente, después de una separación, ¿qué actitudes puedo tomar para superar el miedo a volver a equivocarme?

La mejor sugerencia es que hay que recordar que existe algo que se llama gradualidad. El primer paso. No significa nada más que eso, el primer paso. Que uno vaya a tomar un café con una nueva persona no es más que eso. Cuando termine de tomar ese café, veré si quiero dar el segundo paso o no. Tengo que proponerme dar solamente el primer paso. Cuando uno va paso por paso, va haciendo las cosas porque la situación se las va inspirando. Quizá tenía miedo, pero cuando fui a tomar ese café con ella me sentí cómodo, y digo “bueno, podemos ir al cine”. Pero eso lo sentí después de estar con ella. Y lo que pase en el cine me dirá cómo seguir. Y hay algo que me parece fundamental saber y tener en cuenta: el destino de una relación depende fundamentalmente del grado de bienestar que pueden producir las dos personas mientras están juntas. Todo lo demás es de cartón. Que cuando uno deja a esa persona sienta que está mejor que cuando llegó a verla. Si eso va ocurriendo, la relación tomará el curso que eso determine. Y si no está… no hay en qué apoyarse. Me puedo ilusionar, pero durará poco. Por eso el paso a paso. De ese bienestar al estar juntos saldrá la energía para arreglar lo que no funcione, para acomodar eso que no está del todo bien.

Entrevista brindada a la revista “Sophia”

ene 05

Más de pareja en…

Tiene en otras partes de la página temas como:

Comunicación: http://www.integrandonos.org/category/r-i/comunica/

Triunfar en el matrimonio: http://www.integrandonos.org/triunfar-en-el-matrimonio/

dic 19

La mujer… (para hombres) Aplausos para el señor que escribió esto

Aplausos para el señor que escribió esto

Luis Fernando Veríssimo, escritor brasileño (Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 26 de Septiembre de 1936)

http://img294.imageshack.us/img294/5915/34708801.png

El irrespeto por la naturaleza ha afectado la supervivencia de varios seres, y entre los más amenazados está la hembra de la especie humana.

Tengo apenas un ejemplar en casa, que mantengo con mucho celo y dedicación, pero en verdad creo que es ella la que me mantiene.

Por lo tanto, por una cuestión de auto-supervivencia, lanzo la campaña “Salvemos a las mujeres”.

Tomen de acá mis pocos conocimientos sobre la fisiología de la feminidad, con el fin de que preservemos los raros y preciosos ejemplares que todavía quedan:

1. Hábitat:

La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que las aten y las que se someten a la jaula pierden su DNA. Usted jamás tendrá la posesión sobre una mujer; lo que la va a atar a usted es una línea frágil que necesita ser reforzada diariamente.

2. Alimentación correcta:

Nadie vive de la brisa. Mujer vive de cariño. Dele en abundancia. Es cosa de hombre, y si ella no lo recibe de usted, lo buscará en otro. Besos matinales y un “yo te amo” al desayuno las mantienen bellas y perfumadas durante todo el día. Un abrazo diario es como el agua para los helechos. No la deje deshidratarse. Por lo menos una vez al mes es necesario, si no obligatorio, servirle un plato especial.

3. F l o r e s:

También hacen parte del menú. Mujer que no recibe flores se marchita rápidamente y adquiere rasgos masculinos como la brusquedad y el trato áspero.

4. Respete la naturaleza:

¿No soporta la TPM (tensión pre-menstrual)? Cásese con un hombre. Las mujeres menstrúan, lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue en el día, de discutir sobre la relación. Si quiere vivir con una mujer, prepárese para eso.

5. No restrinja su vanidad:

Es propio de la mujer hidratar las mechas, pintarse las uñas, echarse labial, estar todo un día en el salón de belleza, coleccionar aretes, comprarse muchos zapatos, pasar horas escogiendo ropas en un centro comercial. Comprenda todo esto y apóyela.

6. El cerebro femenino no es un mito

Por inseguridad, la mayoría de los hombres prefiere no creer en la existencia del cerebro femenino. Por ello, buscan aquellas que fingen no tenerlo (y algunas realmente lo jubilaron). Entonces, aguante: mujer sin cerebro no es mujer, sino un simple objeto decorativo. Si usted está cansado de coleccionar estatuillas, intente relacionarse con una mujer.

Algunas le mostrarán que tienen más materia gris que usted. No les huya, aprenda con ellas y crezca. Y no se preocupe; al contrario de lo que ocurre con los hombres, la inteligencia no funciona como repelente para las mujeres.

7. No haga sombra sobre ella…

Si usted quiere ser un gran hombre tenga una mujer a su lado, nunca atrás. De esa forma, cuando ella brille, usted se bronceará. Sin embargo, si ella está atrás, usted llevará una patada en el trasero.

8. Acepte:

Mujeres también tienen luz propia y no dependen de nosotros para brillar. El hombre sabio alimenta los potenciales de su compañera y los utiliza para motivar los propios. Él sabe que, preservando y cultivando la mujer, él estará salvándose a si mismo.

Mi amigo, si usted piensa que la mujer es demasiado costosa, vuélvase GAY.

¡Sólo tiene mujer quien puede!

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